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Aperos y cacharros.

Todo el que visite mi jardín, podrá percatarse sin realizar grandes esfuerzos, de que me encantan los "trastos viejos". Es algo que me viene de família. Mi abuelo fue carpintero, y desde niña he vivido rodeada de muebles que él hacía o restauraba.

Esta silla, es un ejemplo de las muchas que realizó a lo largo de su vida. Mis padres se encargaron de conservarla y ahora ha pasado a formar parte de la decoración de mi porche. ¿No os parece preciosa?
Este "cacharro" de bronce, que actualmente hace de maceta para mi precioso vancouver, se utilizaba antiguamente en las confiterías, para fundir el azúcar con el que se elaboraban los caramelos
Las tinajas de barro tenían multiples aplicaciones en los hogares de aquella época. En ellas se guardaba  manteca, vino...... Esta en concreto, fue utilizada para conservar  aceite. En la foto no se aprecia, pero tiene un pequeño grifo, por el cual se dispensaba el preciado líquido.

Este otro caldero, permanecía colgado en las cocinas de los caseríos durante todo el año, hasta que llegaba el día de la matanza del cerdo. En ellos, al calor de la lumbre, cocinaban nuestras abuelas las riquísimas morcillas de sangre de cerdo, manteca y verduras.
Esta vasija ha permanecido durante muchos años en casa de mis padres, haciéndo las veces de paraguero, y ahora como véis, he sustituido los paraguas por una preciosa hosta.
Este es algo más actual, se nota por el brillo del latón. Posiblemente nunca fue utilizado para otro fín que no fuera la decoración, y eso es precisamente lo que hace en mi porche.........decorar.
Esta es una antigua bañera, muy similar a las que veíamos en las películas de vaqueros. Me la regaló mi hermano. Procede de una casa que se utilizó como hospital durante la guerra civil.
Bastaron unos cuantos agujeros de taladro, cascoquetes en la base y un saco de sustrato, para convertirla en un bonito y práctico macetón lleno de color.
Al fondo situé las fuchsias y en primer plano las dimorfortecas moradas.
Esta mesita de forja, ha cambiado totalmente su utilidad. A pasado de ser el típico carrito de café de salón, a ser un práctico y bonito porta macetas en mi porche.
Este es uno de los aperos de labranza que salvamos del derrumbe del caserío familiar de mi marido. En un principio no le encotraba utilidad, hasta que un día, se me encendió la bombilla y me dije..........porqué no ponerlo en el jardín?, y así fue. Hicimos una plataforma con traviesas para aislarlo del suelo, lo cubrimos con un buen baño de aceite para madera y así quedó.
Este es el otro apero, creo que es un arado, aunque no estoy segura. Optamos por dejarlo como estaba, sin pintarlo,con la roña que ha ido acumulando con el paso de los años. Al igual que al otro, le hicimos la base con traviesas, le colocamos unas macetas con dimorfotecas de distintos colores y así de bonito luce en el jardín.
Esta tipo de cacerola de bronce, con su resistencia eléctrica incorporada, parece ser que eran la que utilizaban los marineros que pasaban largas temporadas alejados de nuestras costas, para preparar sus ricos cocidos.
Y por último.........mi jáula con el pajarito en libertad, como a mí me gustan.